viernes, 29 de febrero de 2008

Flatulencias

Los pedos son elementos intangibles que siempre me han hecho pensar.

La primera pregunta que me surge es el porqué del ruido de ellos. Es como un nacimiento, una bienvenida que le da el mundo exterior, y una forma que tienen de decir presente. Pero lo más gracioso de todo son las reacciones que los pedos suscitan en la gente que se encuentra alrededor del afortunado.

Hay algunas personas que se quejan inmediatamente después de sentir, con cualquiera de sus sentidos que un pedo ha venido al mundo. Tratan de inculpar a otros dejando sin efecto eso de que “la gallina que cacarea primero es la que puso el huevo”.

Hay otros que la juegan de callados, se lo fuman como unos caballeros, porque saben que el que se lo tiró no lo hizo intencionalmente y de ninguna manera tuvo intención de parir un pedito. Lo que estas personas no saben es que mientras ellos sufren el inmundo olor del gas, quién ha lanzado al aire la flatulencia, están disfrutando de saber que las víctimas están sufriendo en silencio.

Otra cosa que me encanta es el pedo mañanero: siete y veinte de la mañana, suena el despertador, y lo cambias para cinco minutos después. Después de cambiar cuatro veces la alarma, decidís levantarte. Tomas coraje, apretás la panza y pones tu mayor esfuerzo en el pedo que durante toda la noche estuviste amasando.

Cuando tu pedo toma color y lo empezas a sentir intensamente, moves la sábana con el objetivo de que el agradable olor del pedito llegue un poco más concentrado a tu nariz.

¿Alguien alguna vez sintió el olor del pedo de una gorda?

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